
13 de agosto, 2026
Tras una larga y compleja recuperación en Buenos Aires, Bautista Canevaro regresó a General Pico. En una charla íntima con Pampadiario.com, el joven recordó el grave accidente en moto que casi le cuesta la vida, detalló el calvario de las múltiples cirugías y el dolor neuropático, y dejó un contundente mensaje sobre la importancia de usar casco. El accidente fue en calle 2 entre 9 y 11.
La imagen de su moto en pie tras el impacto quedó grabada como el mudo testigo de una madrugada que pudo ser fatal. Hoy, instalado nuevamente en su casa de General Pico, Bautista Canevaro transita la recuperación rodeado de los suyos, con su mate al lado y el firme objetivo de recuperar su vida normal.
El camino no fue ni es fácil. Tras el violento choque entre dos motos que lo tuvo en el centro de la escena local, Bautista debió ser derivado de urgencia a Buenos Aires, donde libró una batalla invisible pero feroz en el Hospital Austral.
Al repasar aquella jornada, Bautista relata con naturalidad un día que comenzó como cualquier otro: "Me acuerdo que era un día normal, me había juntado con mis amigos a comer ñoquis... Después, a la vuelta, iba con Valentina, que es mi novia. Me acuerdo que prendí la moto, le hice un comentario a un amigo y salí derecho por la 31, doblé en la 2 y ya no me acuerdo más de nada".
Del trágico momento posterior, prefiere no indagar demasiado: "Vi que salió una noticia con la foto de mi moto ahí parada, no sé cómo siguió parada, y mucho más no había".
Lo que vino después fue una prueba de supervivencia extrema. En apenas mes y medio, el joven debió afrontar diez entradas al quirófano. A esto se sumó un diagnóstico secundario tan desgarrador como desconocido para muchos: el dolor neuropático severo.
"Las primeras dos semanas la pasé re mal, hasta que empezó a hacer efecto la medicación y me pusieron un neuroestimulador para terminar de calmar el dolor", detalla. Y describe gráficamente lo que significaba vivir con los nervios dañados: "Era como que te aplastaban el dedo dando martillazos constantemente, en cualquier momento. Capaz estaba durmiendo y me despertaba sentado y gritando de golpe. El fentanillo es lo máximo que te pueden dar y era el único que lo calmaba".
Hoy, con la ayuda de un fijador externo, un tutor que le permite estirar el hueso faltante a razón de un milímetro por día, y asistido por un andador, Bautista vuelve a dar sus primeros pasos. "Es un volver a empezar. Es muy loco todo lo que aguanté, soportar tantas entradas a quirófano y haber resistido ese accidente es bastante fuerte para mí", reflexiona con una mezcla de asombro y resiliencia.
En medio de la tormenta, el sostén familiar y de amistad fue fundamental. Bautista no quiso dejar pasar la oportunidad de agradecer a quienes le salvaron la vida y lo acompañaron en cada etapa: desde el Dr. Otero y su equipo local, que lo estabilizaron, hasta el traumatólogo Varela, quien hizo lo imposible para salvarle la pierna. También extendió su gratitud al Servicio Social, a la Casa de La Pampa, al personal del Hospital Austral, mencionando especialmente a la médica clínica Julieta y al especialista en dolor y traumatología, el Dr. Sardini, y, por supuesto, a sus amigos, quienes llegaron a su casa a las dos de la mañana para esperarlo en su regreso.
Hacia el final, fiel a su estilo frontal y positivo, dejó un mensaje directo para los jóvenes que circulan en vehículos de dos ruedas: "Si no fuera por el casco, yo capaz no estaba acá. Y tiene que ser un buen casco, no cualquiera. Si ves que no tiene el relleno adentro, no te la pongas, no seas croto; los cascos son caros, pero es por tu seguridad".
Con la bota ortopédica, el tutor en su pierna y una entereza admirable, Bautista cierra con una frase que resume su presente y su actitud ante la adversidad: "Si yo aguanté un choque, tienen que aguantar todos. Siempre hay que andar positivo".